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Hospital Gineco Obstétrico Isidro Ayora

En 1839, el Presidente Flores, trae del Perú una matrona obstetríz, la Sra. Cipriana Dueñas de Casaneuve, esposa de un ilustre francés, se abre la primera Escuela de obstetrices el día 12 de abril en la ciudad de Quito, en una casa que había sido cuartel y que estaba localizada entre las calles

que hoy se llaman Espejo y Flores, frente a las Monjas de Santa Catalina. En el decreto de fundación, el Estado establece becas de cien pesos paras las estudiantes.

Años más tarde, seguramente por causas financieras, esta Escuela se cierra y es el Presidente Vicente Ramón Roca quien la reabre. Se acepta los desinteresados servicios del Dr. Juan de Acevedo, quien “hará demostraciones sobre el arte de partear”.

El Dr. Gabriel García Moreno, cree que la enseñanza es deficiente y establece en 1870 una nueva Escuela, trayendo de Francia una partera la Sra. Amelia Sióv de Bezacón, y se asigna un departamento dentro del Hospital San Juan de Dios para la práctica y enseñanza del “arte de partear”. Los estudiantes de Medicina aprenden Obstetricia pero jamás atienden un parto en casos graves de difícil diagnóstico. Galenos que tenían interés por esta rama eran consultados y bajo su dirección teórica, las parteras solucionaban el problema. En esta época, las nociones de asepsia y de antisepsia no existían. 

En 1909 regresa de Alemania el Dr. Isidro Ayora y en 1910 es nombrado Director de la Maternidad. Por entonces la Maternidad funcionaba en unos cuartos de la Quinta de San Vicente de Paúl de las Hermanas de La Caridad, mientras se remodelaba la casa de la Loma Chica.

La primera campaña que emprende el nuevo Director es hacer que las parteras de Quito acudan a recibir clases teóricas y prácticas. Esto crea malestar y resistencia y el Dr. Ayora tiene que valerse de Don Antonio Gil, Intendente de Policía para obligar a que las parteras acudan puntualmente a adquirir conocimientos actualizados. La Universidad Central le nombra Profesor de Obstetricia y obtiene que el Internado de esa especialidad sea obligatorio para los estudiantes de Medicina. Así, se inicia una práctica que, a través de 75 años ha dado frutos tan importantes y cuya práctica perdura. El Dr. Ayora fue un profesor de características excepcionales por su claridad, su dicción, su característica de usar palabras fáciles, para ordenar frases y con gran metodología para la enseñanza práctica en el uso de maniobras obstétricas tanto manuales como con instrumentos.

En 1949, siendo Presidente de la República el Sr. Galo Plaza y existiendo el Ministerio de Previsión Social y Trabajo, creado en 1928, como regente de las Instituciones de Salud, el Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública y la Junta de Asistencia Social planifican la creación de una nueva Maternidad para Quito con todos los adelantos científicos, técnicos y organizativos de la época, con capacidad de 100 camas, cuando Quito contaba alrededor de 200 000 habitantes, con asesores norteamericanos tanto médicos, enfermeras, trabajadoras sociales, dietistas, administradores, etc. La nueva Maternidad se inaugura con la presencia del Señor Presidente de la República Don Galo Plaza el 28 de marzo de 1951 y abre sus puertas al público el día 25 de mayo de ese año y sus Ministros de Estado, en especial el Ministro de Previsión Social y Asistencia Pública y por la iniciativa de la Institución se procede a denominar al establecimiento con el ilustre y ejemplar nombre del señor doctor Isidro Ayora.

El Gobierno y la Junta Central de Asistencia Pública, a través de un convenio firmado entre el Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública, el Gobierno del Ecuador por intermedio del ministro de Previsión Social y la Honorable Junta Central de Asistencia Social, contando además con la colaboración de UNICEF, determinan la denominación Maternidad “Isidro Ayora”. El Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública dirigió la operación y gobernó la Maternidad “Isidro Ayora” durante siete años más o menos, con total autonomía técnica, económica y administrativa. Desde 1957 por las necesidades imperantes y acordes con la realidad del momento se procedió a una segunda organización. Se nombro una Junta Directiva que asesora y se nombró al Dr. Isidro Ayora como Director, con amplios poderes para su gobierno. Este facultativo destacado y eminente hombre público dedicó gran parte de su existencia a la profesión médica, al desarrollo y modernización de esta entidad de la que fue su Director desde 1909 al 1929 y por segunda ocasión desde 1957 hasta 1960.

Esta institución contó desde su inauguración con los servicios de Consulta Externa, Hospitalización y Cirugía, para lo cual ofrecía toda clase de exámenes de laboratorio, diagnóstico de Rayos X, fisioterapia, laboratorio para la preparación de leche y salas de ejecución de operaciones dentro del campo obstétrico.

Desde sus comienzos la Maternidad operó con un envidiable estándar, cumpliendo con las más altas exigencias de un servicio de Maternidad Programa de Remodelación y Reequipamiento y se inauguro el Servicio de Partos y Quirófanos.

La Maternidad fue construida en el terreno cedido por la Junta Central de Asistencia Pública de Quito.

Desde aquella época la Maternidad disponía de una red de desagües con sus respectivos tanques asépticos y cloronizadores para el tratamiento de las aguas. El edificio y sus equipos fijos tenían un costos de 6 373 000.00 sucres que fueron aportados por el Servicios Cooperativo Interamericano de Salud Pública de los fondos que operaba en el país, construidos por el Gobierno del Ecuador y de los Estados unidos. Desde el 11 de febrero de 1963, terminado el convenio con el Servicio Interamericano de Salud Pública, la Maternidad pierde su autonomía y pasa a control, absoluto de la entonces Junta Central de Asistencia Social, hoy Dirección Provincial de Salud de Pichincha que desde 1972 depende del Ministerio de Salud Pública.

Según el Registro Oficial Nº 118 del 30 de enero de 1980, se cambió el nombre de Maternidad “Isidro Ayora” por el de Hospital Gíneco Obstétrico “Isidro Ayora”. En lo oficios Nº 101 del 31 de octubre y Nº 1952 del 12 de noviembre de 1979 la Dirección de la Maternidad “Isidro Ayora” de la ciudad de Quito por razones de orden técnico funcional, establece que la Maternidad es un Hospital de Especialidad, no exclusivamente obstétrico sino que cubre el campo ginecológico en su más amplia patología. En la actualidad es un hospital en donde se atiende las tres especialidades: Obstetricia, Ginecología y Neonatología-Pediatría. Como especializaciones, se mantiene Consulta Externa, Hospitalización e Intervenciones Quirúrgicas.

El Hospital Gíneco Obstétrico “Isidro Ayora”, por decreto gubernamental de febrero de 1982, es un Hospital de Especialidad, de referencia nacional, docente, que da atención a la madre embarazada en el control prenatal, labor, parto y puerperio, al recién nacido considerándolos como una unidad biopsicosocial y a la mujer que requiere atención ginecológica, orientación y control de planificación familiar tanto en Consulta Externa como en Hospitalización.

El Hospital además cumple la función docente, en las áreas de Ginecología, Obstetricia, Pediatría y Enfermería. El Hospital Gíneco Obstétrico “Isidro Ayora” presta su colaboración para la realización de cursos de post-grado en Ginecología Obstetricia y Pediatría, contribuyendo de esta manera en la preparación del médico general y del especialista que se inicia en las aulas universitarias.

Fuente: Moya W. Reseña del Servicio de Patología Obstétrica.

Revista Médico Científica HGOIA, 2001

 

  

Juana Miranda, fundadora de la Maternidad de Quito

Pocos ecuatorianos saben que la historia de nuestra Maternidad está atada indisolublemente a las mujeres. No sólo por el hecho obvio de que parir es una capacidad exclusivamente femenina, sino porque hasta inicios del siglo XX en el Ecuador, el parto era atendido por ellas. En una tradición milenaria de toda la humanidad, el parto era este espacio protegido, íntimo, casi sagrado, vedado a la intromisión masculina. Tanto la práctica española como la nativa parecen coincidir en este tema.

Son las parteras, muchas veces mujeres con conocimientos apenas empíricos, las que van de casa en casa atendiendo a la fecunda población nacional. Pero en ese recorrido también van acarreando consigo los gérmenes de la temida fiebre puerperal. A causa de ella la mortalidad materna alcanza niveles de espanto. No hay estadísticas en ese tiempo, pero para todas las gestantes el parto venidero es un riesgo no exento de peligro letal. (Riesgo que vergonzosamente se mantiene en el siglo XXI para las parturientas más pobres).

Hasta el siglo XIX nadie en el mundo médico sabe cómo se contagian las enfermedades. Luis Pasteur lo descubre recién en 1.879 para el caso de las mujeres recién paridas. Sólo médicos adelantados a su época, como Eugenio Espejo en el siglo XVIII, habían alcanzado a esbozar teorías respecto a los gérmenes patógenos.

En Quito, como en el resto de ciudades ecuatorianas, el parto se atiende a domicilio. El único hospital que tiene la ciudad, el San Juan de Dios, es marginal social y geográficamente hablando. No se diga el San Lázaro, que es Hospicio y Manicomio a la vez. No hay condiciones sanitarias ni desarrollo médico para realizar lo que hoy entenderíamos como atención hospitalaria; en muchos casos a lo único que se alcanza es a ayudar a bien morir.

Las ciudades no tienen agua potable, ni alcantarillado y por tanto tampoco servicios higiénicos. Seguramente Quito huele mal por las bacinillas que se sacan a vaciar en las acequias de la calle y el sol ecuatorial alcanza su cénit. Afortunadamente las lluvias, en ese tiempo más frecuentes y regulares que hoy, lavan la capital que deja entonces ver su hermosa faz.

Maternidades existen sólo en ciertas ciudades americanas que han sido capitales virreinales, como Lima, por ejemplo. Allá van a educarse algunas parteras ecuatorianas, sobre todo de Guayaquil, y de allá viene también Cipriana Dueñas, una de las primeras profesoras que llega por petición del presidente Juan José Flores para profesionalizar la atención obstétrica. Pero las Escuelas de Obstetricia viven supeditadas al exiguo presupuesto nacional y a la enorme inestabilidad política de inicios de la República.

Es sólo con el presidente Gabriel García Moreno cuando se funda lo que por primera vez puede llamarse una Maternidad para Quito. Es la era de la égida francesa, cuando las colonias americanas han logrado desembarazarse del imperio español y ahora miran a Francia para orientar su rumbo. De la Maternidad parisina llega Amelia Sion tras el viaje en barco de más de un mes para cruzar el océano y el viaje a caballo de unos 10 días para cruzar la cordillera. Poco antes han llegado las hermanas de la Caridad que empiezan paulatinamente a hacerse cargo de los hospitales públicos, y de la Universidad de Montpellier vienen dos médicos encargados de reformar la enseñanza universitaria.

La Maternidad es al mismo tiempo la Escuela de Obstetricia donde el gobierno planea formar comadronas profesionales que se hagan cargo de los partos en las distintas provincias. El Presidente también planea que al finalizar el contrato con Amelia Sion, la que se haga cargo de la Escuela sea Juana Miranda, graduada en la primera promoción.

Esta quiteña es una valiente y apasionada mujer con un historial poco común para la época. Ha sido por 11 años Abadesa del Hospital de Caridad (o San Juan de Dios), ha acompañado al Ejército nacional en una de las guerras que por ese entonces mantiene el Ecuador con Colombia, y aún no se ha casado. Ella sueña con dirigir los estudios y hasta tanto empieza su práctica profesional privada. Sus sueños, sin embargo, se hacen pronto añicos con el asesinato de García Moreno (1.875), la clausura de la Escuela de Obstetricia y el exilio al que ella y su esposo tienen que acogerse.

A Juana su amplitud de miras le viene del ejemplo que ha visto en sus padres, del trato equitativo que hombres y mujeres reciben en su hogar de crianza, de la educación a la que ella tiene acceso y de la sangre que le llega a través de su abuela paterna. Ésta se llama Francisca Miranda, oriunda de Venezuela y emparentada con el prócer de la independencia venezolana, Francisco de Miranda. Tan sólo una muestra del respeto que el padre de Juana tiene por Francisca, su madre, es que adopta para los hijos de él el apellido Miranda en primer lugar. Por eso Juana se apellida Miranda y no Santa María, que era el primer apellido paterno.

Luego de la clausura de la Maternidad quiteña, Juana pasa los siguientes 23 años luchando para que el Estado vuelva a crear una Maternidad que atienda a las mujeres más pobres de la sociedad. Tras un intenso batallar no sólo contra la falta crónica de recursos sino contra la desidia burocrática, la Maternidad se inaugura en 1.899 durante la primera presidencia de Eloy Alfaro. Se inaugura en casa de Juliana Vallejo, una comadrona algo mayor que Juana, que ha muerto repentinamente sin dejar herederos forzosos. Otro benefactor de la casa es Rafael Rodríguez Zambrano que ha legado en su testamento $10.000 sucres para equiparla. En honor de ambos la Casa de Maternidad se denominó Asilo Vallejo-Rodríguez.

Quito es entonces la ciudad recoleta que en la actualidad estamos redescubriendo. Vivir en este suelo es no descansar nunca. Todo se hace a mano. Sin agua potable, hasta el agua para beber hay que irla a traer en pondos de pilas como la de San Francisco o la de la Plaza Mayor. Una mortecina luz eléctrica está apenas empezando a llegar para el alumbrado de ciertas esquinas. El parto nocturno, que es mucho más frecuente que el diurno, se va a seguir iluminando con vela de cebo por muchos años más. La ciudad aprovecha todas las horas posibles de luz solar, y sus habitantes más fieles se levantan a la misa de 4 a.m.

Juana es una de ellas. Trabajadora incansable, su vida se divide entre la atención del hogar, la práctica profesional y la docencia universitaria. Ocho años antes de que se inaugure el Asilo Vallejo-Rodríguez, Juana ha ganado un concurso para ocupar la cátedra de Obstetricia Práctica en la Facultad de Medicina de la Universidad Central. La carrera está dirigida a mujeres, es seguramente la única escuela profesional femenina en la República, y la más antigua formación universitaria para ellas. Desde el año 2.005 la Escuela de Obstetricia se denomina oficialmente “Juana Miranda” por resolución del Consejo Universitario, a propósito de las celebraciones de los 170 años de existencia de dicha Escuela.

Pero para cuando Juana es profesora, en el hemisferio Norte el parto ya comienza a ser atendido por médicos y esa influencia llega al Ecuador. A la clase de Juana empiezan a asistir algunos ávidos estudiantes, cuya primera profesora universitaria es esta mujer. Uno de los más destacados es un joven lojano, llamado Isidro Ayora Cueva, que más tarde toma la posta.

La pequeña Maternidad, que existe tan precariamente, se ha trasladado poco después de su apertura a una casa en la Loma Chica, un barrio que sólo los quiteños de cepa saben localizar, en las actuales calles Juan Pío Montúfar y Jesús Pereira. Juana es su matrona y directora hasta la fecha de su jubilación en 1.907.

En esa misma casa, que ha sufrido sucesivas transformaciones arquitectónicas, se dio a luz esta vez no a una criatura sino a un libro. La obra fue bautizada con el mismo título del presente artículo, y aparece bajo el sello editorial del Banco Central del Ecuador tanto impreso como en formato electrónico www.museobibliotecabce.com.

Además de contar la vida de la protagonista, el libro incluye una cronología de la Obstetricia en nuestro país, documentos antes no publicados y un mapa con la localización de la Maternidad a lo largo de su azarosa historia.

La investigación ha permitido que las distintas instituciones representadas en la publicación reconozcan en Juana Miranda no sólo a la fundadora de la Maternidad de Quito y a la primera profesora universitaria ecuatoriana, sino a una de las mujeres que ha engrandecido la historia de la ciudad y del país.

 

Por: Mariana Landázuri Camacho

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